jueves, 24 de octubre de 2013

De la amistad... II




De la amistad… II


Hace tan sólo unos días aprovechaba uno de los pocos momentos que a uno le quedan libres en esta solitaria y paradisíaca isla para hablar de la amistad con motivo de la jubilación de Juan, amigo y maestro, que no se despedía de nada ni de nadie, sino que iniciaba una nueva etapa en la que disfrutar más y mejor de lo pasado y de lo venidero…

Pues bien, hoy no puedo ni quiero eludir la referencia a otro miembro de la “familia”, otro cómplice de fechorías varías sin más resultado que la forja de unos lazos de amistad imperecederos, que –cosas de la edad- se nos va del ruido, las prisas, las obligaciones, las manecillas del reloj y también, hay que decirlo, de las satisfacciones que sus alumnos le han reportado durante toda una vida entregada a ellos; se nos va, repito, al silencio, a la paz, a cuidar de su huerto y a descansar, que bien merecido lo tiene el bueno de Antonio.

Y digo esto, porque D. Antonio Martínez, profesor de Tecnología del IES Príncipe de Asturias, siempre ha tenido su Ítaca particular, su pequeña isla de Aguaderas que le ha servido de refugio a él, y en muchas ocasiones a todos nosotros, para lograr el sosiego necesario con el que afrontar la lucha diaria a la que enfrentarse cada día. Ahora va a ser más que un refugio, seguramente sea la ínsula a la que acudamos cada vez que se haga necesario reafirmar que la travesía continúa y que nuestra condición de náufragos sólo es vocacional, un reto al que encarar cuando alguno de nosotros necesite atracar en tierra firme y descansar sin más de las trampas diarias que la vida nos ofrece.

Sabemos que será así porque si algo define a Antonio es su bonhomía, ese carácter espontáneo y vital que le permite hacer de la generosidad su divisa; del esfuerzo, su premisa; y de la amistad, un regalo sobrevenido al que nadie podría obligarlo a renunciar jamás. Porque Antonio hace no bueno, sino mejor, el sentido machadiano del término "bueno" y nos recuerda a todos nosotros que, como decía Quevedo, "muchos son los buenos, si se da crédito a los testigos; pocos, si se toma declaración a su conciencia". Antonio la tiene limpia y cristalina, y no necesita testimonio alguno que acredite esa condición.

Así que, Antonio, de náufrago a náufrago... No permitas nunca que nada ni nadie desvíe jamás el proceder recto y honesto que siempre te ha guiado, y que ha hecho que los que te conocemos y queremos, sintamos respeto, orgullo, admiración y gratitud por tantos momentos compartidos, y por el regalo que ha supuesto tu presencia y tu amistad, siempre... Y una última reflexión, si es verdad la afirmación cervantina de que "al bien hacer jamás le falta premio", a ti te sobra crédito para no desear ninguno más, pues con el aval de tu familia y tus amigos, yo sé que a ti te alcanza y te es más que suficiente.

A mi amigo Antonio.










2 comentarios:

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  2. Jesús describe personajes con la pasión de la amistad, pero no por ello se aparta del conocimiento certero de las personas, sobre todo cuando son amigos, muy amigos. Conozco a don Antonio Martínez mucho años y me sumo al cariñoso y atinado perfil del magnífico profesor y compañero que es "el Martínez", que ponía a alumnos y profesores "en su sitio": ¡Manzanareeees!
    Seguro que tendremos, amigo Jesús, momentos que compartir con este círculo de amigos que has construido con tu cariñosa prosa.
    Juan Manzanares, desde la noslalgia.

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