IT´S A BEAUTIFUL AND ARQUITECTURAL
DAY
Ayer, 19 de
julio, comenzaba el día con los acordes de “It´s a beautiful day” haciéndose
oír en el Facebook de mi hija Paula y subrayando que ése no era un miércoles
cualquiera. Ni muchísimo menos. Algo palpitaba con fuerza y resonaba
contundente en tu interior. Ya se sabe, “el corazón es una flor abriéndose con
fuerza a través del suelo pedregoso”… El último día de un largo camino repleto
de obstáculos, de dificultades, de jornadas agotadoras, de noches sin dormir,
de café, de más noches sin dormir, de risas y algún que otro llanto, de anhelos,
de errores, de sueños y más sueños por cumplir, de deseos y esperanzas posadas
sobre un horizonte no siempre tan limpio como te hubiera gustado. El último peldaño
al final de la escalera. La última ocupación de ese espacio vacío, esa
geometría hueca que has ido llenando con mucho más que materiales y elementos
estructurales, y que lo has hecho despacio, con la laboriosidad y el tesón heredados
de tu madre. Con la permanente sensación de que aunque “es un bonito día, el cielo cae…” y una voz
en tu interior que te recuerda que “que no dejes que se vaya, que estás en la
carretera, pero no tienes ningún destino en mente”.
Estabas
inquieta, cansada, imposible. Con esa mala leche natural que no quiero saber de
quién la has aprendido y a la espera de poner punto final a esos años de
crecimiento que han dado para nada y para todo. Según y cómo. Como todo y como
a todos. Tu madre y yo “a sus órdenes”, como toca y toca seguro a quienes
decidieron eso de ser padres. Un poco hasta… Y un mucho más aún… Pensando en
que nadie puede jodernos este día, en que la alegría por Paula es más grande,
si cabe, al multiplicarse por dos y no ser ni divisible ni negociable. Cerca de
sesenta barcos varados sobre las mesas, aguardando el visto bueno de la
autoridad competente para certificar que sí, que todo bien y en orden, que sí.
Y un puñado de horas por delante, que transcurren lentas, como cada vez que
estás a la espera de que alguien decida por ti y te asaltan viejos miedos,
temores infundados, pero siempre familiares.
Entretanto,
tiempo para hablar de todo, para rememorar momentos, situaciones, frustraciones, episodios, personas y más
personas, compañeros y compañeras, amigos y amigas, algunas compartiendo estos
instantes, este día que se aproxima a su fin cuando sale Juan, el “jefe” del
Tribunal –después de una jornada así, todo es familiar y todos son tuteables-,
y va enumerando los resultados de esta batalla, ganada ya por todos los presentes
en cribas anteriores, y que pone fin a esta dura guerra, librada entre planos, maquetas, memorias y otros desvaríos,
además de un broche de dicha en los corazones y en los rostros de cada uno de
los presentes.
Su madre se
abraza por enésima vez a ella y Paula sonríe. Le cuesta. Está fundida, pero
sonríe. Es momento de más abrazos con sus amigas y compañeras. Es la hora de
jurarse memoria eterna y quedar para siempre en vaya usted a saber cuándo y el
sitio. Es feliz. Y su madre y yo también. Ella está orgullosa y su madre y yo,
mucho más. Muchísimo más. No faltan sus hermanos. Jesús y María no están aquí,
que no es lo mismo. Pero no faltan. Han estado informados al minuto, cuidando
de Marlou, la mascota de Paula, y dando ánimos en todo momento. Jesús, Paula y
María han compartido estos años con la intensidad con la que sólo tres
personas, y más si son hermanos, pueden hacerlo. Lo saben. Y saben que poco a
poco esa realidad va diluyéndose y dando paso a otra nueva y distinta. Ellos
están aún más orgulloso. Se quieren. Así de sencillo.
Empaquetamos,
recogemos los paneles, la memoria, la maqueta… Y en mi cabeza vuelven a sonar
esos acordes. Sí. Es un bonito día. Lo sé y me lo apropio sin recato alguno.
Llegamos a casa y apenas hablamos. El sueño nos va venciendo a todos. Y yo
pienso en mi hija y pienso en esa letra que ha ido conmigo, con nosotros, toda
la jornada y que va recordándome, recordándote, Paula, que “es un bonito día,
no dejes que se vaya (…), mira el mundo de verde y azul, mira China justo
delante de ti, mira los cañones rotos por las nubes, mira los barcos atuneros
limpiando el mar, mira los fuegos de los beduinos por la noche, mira los campos
petrolíferos a la luz del amanecer y mira el pájaro con una hoja en su boca.
Después de la marea todos los colores surgen…”
Y me despierto
y te escribo estas líneas porque lo necesito y porque quiero. Y pienso que fue
un bonito día, que no deberías dejar que se fuera nunca y que seguro que antes
o después encontrarás ese sitio, el tuyo, y lo sabrás sin dudarlo, porque “lo
que no tienes no lo necesitas ahora, lo que no sabes lo puedes sentir de alguna
forma y no lo necesitas ahora”.
Fue un bonito
día, un día maravilloso. Y hoy va a serlo también. Creo que el 20 de julio es
tu santo. Así que felicidades por lo de ayer, por lo de hoy y porque mañana, el
otro y el siguiente vuelvan a ser bonitos y únicos, como tú.
Te queremos. Y
lo sabes…
Jesús, María,
tu madre y yo.