miércoles, 24 de junio de 2015

CARTA DE UN NÁUFRAGO, PERO MENOS, MUCHO MENOS...




CARTA DE UN NÁUFRAGO, PERO MENOS, MUCHO MENOS…


Bien, cariño. Lo primero que quiero hacer es felicitarte. Decirte que te quiero. Que en esta isla lo que más sobra y lo único que alimenta los sueños es el tiempo; tiempo para volver la vista atrás, para hacer recuento de cada segundo pasado a tu lado, para saberte siempre ahí, siempre, para mirarme en ese azul cálido y profundo de tus ojos, con el que ni siquiera rivaliza este mar en el que hemos crecido y visto tantas cosas; tiempo para recordar que somos más que uno, que somos cinco y somos fuertes, que el infinito nos pertenece desde ese día en que decidimos que era nuestro; tiempo para darte las gracias por todo y por ellos, por tu paciencia sin límites, por tu comprensión, por tu fuerza y por esa generosidad llevada al límite de la propia renuncia; tiempo para decirte que eres más que mi mujer, mucho más que mi mujer, que te amo con la convicción y la conciencia de reconocerme tan afortunado como el que más de entre mis iguales, que sin ti nada habría sido igual ni tan extraordinario; tiempo para pedirte perdón por muchas cosas, por no haber estado a la altura en tantas y tantas ocasiones, para pedirte perdón por no ser y estar cuando se me requería justamente, pero, sobre todo, tiempo para pedirte perdón desde lo más profundo de mi corazón por haber olvidado quién y quiénes lo ocupaban por entero, por no haber gritado tu nombre y no haberme aferrado a la única tabla de salvación capaz de permitirme volver –perdido, roto y magullado- a la orilla de tus brazos.

Sí, Juana, lamento haber olvidado alguna promesa esencial, ser tan débil en contraste con tu fortaleza, el daño causado por mi torpeza, y muchas, muchísimas cosas más que son inexcusables y para las que no tengo respuesta; lamento haber sembrado en tus labios semillas negras e impropias; y lamento haber mudado los sueños más hermosos en noches insomnes o en oscuras pesadillas. Lo lamento mucho, amor mío.

Así que hoy, rendido ante ti, te juro, ahora que no nos lee nadie, que no ha habido ni un día, escúchame bien, ni uno, sin la certeza de saberme el más afortunado de los hombres, sin que tú y nuestros hijos estuvierais ahí, conmigo, y sin que haya dado gracias una y otra vez a la fortuna de tenerte conmigo en cada instante.

Y algo más… Desde esta isla que une Alborán con el Levante, lanzo al mar estas líneas sin recipiente o envase alguno que las proteja porque sé que están hechas de un material indestructible y sólo arribarán al puerto seguro de tus manos, cuando los vientos cálidos de este mar familiar que nos cobija tenga a bien y lo disponga. Será mi suerte, como lo es la de tenerte y amarte como ayer, como hoy y como siempre.

Juana María, felicidades, amor mío, aunque ayer, noche de San Juan, no fuera yo tu Príncipe y tuviera que aguardar a que acabase la ficción para volver a tus brazos y sentirte a mi lado, tan real y tan dispuesta hacia los sueños como mereces. En la próxima te espero y ya te digo que no quedes más que conmigo, que nos queda el infinito y no es un verso suelto… Es una promesa de justo, querido y obligado cumplimiento.

TE QUIERO

Fdo: Jesús Martínez Gómez