viernes, 18 de octubre de 2013

De vuelta

De vuelta



Bueno, amigos, aquí estoy… Con algunas heridas más y sus correspondientes cicatrices. Han pasado cuatro años ya desde la última vez que di noticias de mí desde esta isla solitaria que constituye la piel de mis asombros y el pan de cada día. Cuatro años y bastante más de un día. Cuatro años que han pasado tan rápidos como la lenta letanía de los hechos consumados lo permitía y en los que he desaprendido, una vez más, a comprender las razones que mueven a los hombres a vestir su conciencia entre espumas rocosas y silencios sonrojantes. Cuatro años de búsqueda incesante, de hurgar en la maleza, de escarbar en la tierra, de buscar entre los riscos, de andar y desandar lo andado, de tropezar ciento por ciento, de aguardar un milagro pequeño que rompiera la niebla persistente, ésa que parece envolvernos en una espesura inacabable y sin remedio. Cuatro años de lágrimas definitivamente negras, de transitar por nubes rasantes y no hallar entre la bruma nada a que aferrarse que no sea olvido del olvido, pasto de las horas que fueron y ya se han ido para no volver jamás…Cuatro años de sonora y estridente soledad, de inacabable travesía por el mar de los recuerdos, de eso que los tecnócratas de turno llamarían pomposamente vacío estructural, de querer y no poder volver atrás, de autorreproches, de aguantar, de ausencias, de cierto desamparo, de resistir y resistir, de un poco de todo y de más, de mucho más…

Pero aquí estoy. No sabiendo a ciencia cierta si de vuelta o pasado de vueltas. Vivo y en pie. Dispuesto, como siempre, hacia la vida y reuniendo los jirones que han quedado esparcidos a lo largo del camino. Dispuesto a que mi vida se siga rigiendo por pocos principios, pero procurando alejarme, en la medida de lo posible, de quienes corroboran sin sonrojo la famosa sentencia del gran Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Yo tengo los que tengo y mis pocos amigos los conocen muy bien.


En todo caso, es ésta una isla muy pequeña, pero tan hermosa y acogedora que no quisiera echar al agua este mensaje sin dar las gracias a todos los que día a día me han hecho llegar en multitud de envases –reciclables, por supuesto- el aliento necesario para hacer de la resistencia pacífica –sólo faltaría- un argumento sostenible frente al frío y la intemperie que en no pocas ocasiones amenazaron con legar otro esqueleto, uno más, a las viejas leyendas de piratas berberiscos que tanto han asolado estos mares del sur, perdidos, como yo, y amenazados por otro tipo de piratas, más nuevos y bizarros, que en oleadas sin fin descargan su ignorancia. Así que gracias, sobre todo a mi familia –que es doctora en miserias, de unas y de otras-, y a mis viejos amigos y a los nuevos, por ser y por estar, por las previsiones y por las provisiones, por recordarme quién soy y, aún más, por no dejarme caer en la tentación de… Amén.
 

1 comentario:

  1. De los escritores que conozco, y por mi afición a la Literatura, son varios, sólo Jesús Martínez es capaz de escribir sensaciones con el sentimiento y la cercanía que te hacen poder palpar las cosas inmateriales. Escribe sobre la amistad sin ningún tipo de pudor porque no puede hacerlo de otra manera. De tal forma que la tinta con la que emborrona las cuartillas son hilos de sensaciones que se desprenden de sus finísimos sentidos. Nosotros, sus amigos, probablemente sentiremos los mismos aprecios y nostalgias que él siente pero somos incapaces de perpetuarlos con la escritura que nos abraza. Las tertulias sin Jesús no profundizan, y el final les llega antes sin cumplir prácticamente su misión de aprendizaje. Las ironías sin él han pasado de grandes carcajadas a leves sonrisas, y la amistad entre compañeros ha perdido un eslabón que daba sentido a una cadena capaz de aprisionarnos en un cerco de disfrute del conocimiento.
    Amigo Jesús, menos mal que nos vemos. Menos mal que de vez en cuando tus referencias al pasado nos hace recordar, como dijo Don antonio; que cualquier tiempo pasado fue mejor: ¿Pues no es al final la nostalgia un sentimiento de añoranza de la felicidad que propociona la amistad?
    Gracias por las referencias que nos haces en tus escritos, por la mía en concreto, en una tarde que llenaste, y por la de todos los compañeros.
    Un abrazo Interminable, como nuestras relaciones.
    Juan Manzanares Rael, un día después.

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